martes, 19 de marzo de 2013

Guía para el cultivo en invernaderos




Las principales ventajas que nos ofrecen los invernaderos son el calor y el resguardo que aportan a nuestros cultivos, además pueden ser decorativos por sí mismos.

En los invernaderos se puede prolongar la época de crecimiento de todas las plantas, y además podemos cultivar hortalizas y frutas que no soportan el clima del exterior.

Por contraposición, los invernaderos tienen las condiciones apropiadas para el desarrollo de plagas y enfermedades. Debemos prepararnos para combatir contra moscas blancas y arañas rojas.

Dependiendo del tipo de invernadero del que disponemos, podremos cultivar un tipo u otro de plantas. Los huertos antiguos tienen invernaderos inclinados construidos contra muros soleados para poder cultivar en forma de abanico los melocotoneros, albaricoqueros y nectarinos.

Al estar protegidos de las heladas, los árboles florecen excelentemente y maduran sin ninguna dificultad. Las parras también se ven favorecidas en el interior de los invernaderos, no obstante, es mejor si se planta el portainjerto fuera y el tronco entra mediante una abertura en la pared.

Elegir un invernadero:
La elección más habitual entre los horticultores principiantes son los invernaderos de aluminio prefabricados con cristales hasta el suelo. Esta clase de invernaderos no requieren casi mantenimientos. Su diseño proporciona el máximo de luz a las plantas, no obstante, es posible que esta clase de invernadero sea fría y que la condensación sea mayor que en uno semejante hecho de madera, además, los invernaderos de madera ofrecen un toque armonioso al huerto. El inconveniente de la madera es que ésta requiere cuidados, incluso si es de cedro.

La elección más económica es un politúnel o túnel de plástico, fabricado con plástico extendido sobre arcos grandes de metal. No obstante, no se trata de una opción recomendada, puesto que por muy bien que lo tratemos contra los rayos ultravioletas, normalmente no duran más de 3 años, y se agujerean o se rompen con vientos fuertes.

Sea cual sea el invernadero que decidamos utilizar, debemos confirmar que pueda ventilarse correctamente. En el techo deben haber ventiladores, y éstos deben ocupar como mínimo el 20% de la superficie del suelo. Si solemos estar fuera mucho tiempo, es una excelente idea invertir en ventiladores automáticos, fabricados alrededor de un cilindro de cera sensible que se extiende o contrae dependiendo de la temperatura. El cilindro mueve una varilla del pistón situada en el ventilador. Todos los ventiladores automáticos deben especificar la cantidad de peso que pueden levantar. Debemos comprobar que estamos comprando un ventilador que cubra nuestras necesidades.

Según nuestra economía, pondremos o no calefacción en el invernadero, pero en cualquier caso, deberemos distribuir el espacio de modo que podamos separar una parte para mantenerla libre de heladas durante el invierno. Aunque la instalación de la calefacción eléctrica sea barata, resulta una opción cara a la larga. Debemos recordar que mantener una temperatura mínima de 10ºC en invierno es el doble de difícil que mantener una mínima de 8ºC. Las estufas de parafina son económicas, aunque no son tan precisas como las eléctricas. El mejor modo de ahorrar en calefacción es aislando bien el invernadero. Usaremos polietileno resistente de burbujas y lo colocaremos con pinzas en la parte inferior de la estructura del invernadero.

Cultivos de invernadero:
La época de crecimiento de cultivos básicos como la lechuga o la zanahoria pueden ser alargadas incluso en un invernadero sin calefacción.

Las hortalizas tiernas, como los pepinos, las berenjenas, los tomates y los pimientos, pueden crecer en el exterior, pero no pueden plantarse hasta que no deje de existir peligro de heladas. En un invernadero, estas hortalizas pueden plantarse antes, por lo que también darán frutos antes.

Las hierbas que son sensibles a las heladas, como la albahaca, se ven muy favorecidas gracias al calor extra y crecen muy bien en politúneles.

Algunas hortalizas como las acelgas, las escarolas y algunas coles orientales, a pesar de ser resistentes, su calidad será mejor si permanecen a cubierto durante el invierno.

Un invernadero o politúnel también puede hacer la función de vivero, donde podremos cultivar plántulas de calabacín, lechuga o maíz dulce para plantarlas después. Aunque las plántulas pueden ser cultivadas en el alféizar interior de una ventana, seguramente no recibirán tanta luz ni ésta será tan intensa que cuando se encuentran en un invernadero, y además puede que las temperaturas sean demasiado altas. Estos dos factores podrían provocar que las plántulas tengan demasiados tallos y que éstos sean débiles.

Los tomates en invernadero es mejor que se cultiven en cordones y no como arbustos. Colocaremos una caña fuerte de unos 60 centímetros de altura a un lado de la planta y la enderademos del siguiente modo: ataremos un cordel doble en la caña y en el techo del invernadero; conforme la planta vaya creciendo enredaremos el cordel alrededor de sus tallos para que la aguante. Detendremos el desarrollo de los brotes principales despuntándolos a finales del verano, o cuando hayan crecido 6 racimos de fruta, si ésto sucede antes.

Al regar el suelo le dificultamos la supervivencia a las plagas. Algunas de las peores plagas, como es el caso de la araña roja, prosperan en condiciones secas y calurosas. Por ello, debemos regar el suelo con una manguera en los días que hace calor para mantener el entorno húmedo. Si el ambiente ya está húmedo, debemos hacer que el aire corra para así evitar que se pudran las plantas.

Planificar el espacio:
Podemos aprovechar mejor el espacio de un invernadero si cultivamos plantas en los bordes de tierra de cada lado de un camino central. Si se trata de invernaderos situados sobre una base sólida en un patio, todas las plantas deberán cultivarse en macetas o en sacos de cultivo. Generalmente, regar y abonar los bordes es más sencillo, pero tienen un gran inconveniente: si cultivamos la misma cosecha en el mismo suelo durante varios años consecutivos: puede producirse una acumulación de sales y que el suelo “enferme”. Esto significa que las cosechas no crecerán en ese lugar hasta que esterilicemos o cambiemos el suelo. Si disponemos de 3 bordes dentro de nuestro invernadero, uno a cada banda del camino central y otro en un extremo, podríamos practicar una sencilla rotación de cultivos.

A continuación expondremos dos planos para aprovechar al máximo el espacio de un invernadero tanto en invierno como en verano (hacer click para ampliar la imagen):



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